Gilberto Guzmán
Tras el impacto del huracán Otis en Acapulco en 2023, el ingeniero Julio Santos García planteó la instalación de radares meteorológicos en la franja costera del Océano Pacífico, al advertir vacíos en la infraestructura de monitoreo del gobierno mexicano.
La propuesta forma parte de los planteamientos que el especialista expone en el libro que presentará próximamente, en el que reúne su experiencia en las labores de reactivación urbana y revisa las fallas de comunicación preventiva durante el fenómeno.
Santos García explicó que su investigación posterior al desastre, apoyada en observaciones de organismos internacionales, documenta la falta de herramientas de medición en tierra para dar seguimiento oportuno a fenómenos de alta intensidad.
“Ellos emitieron una alerta y decían que necesitaban apoyo en tierra. ¿A qué se referían con apoyo en tierra? A los radares meteorológicos que existen en el Golfo de México y de Michoacán hacia arriba… No lo digo yo, lo dice el Centro Nacional de Huracanes, y nos dicen unos científicos también que, una vez que terminó el huracán, emitieron su opinión y señalaron que hicieron falta esos radares”, señaló.
Queja ante la CNDH
Ante ese diagnóstico, el ingeniero interpuso una queja formal ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) para exigir la instalación de equipos desde Chiapas hasta Michoacán, incluidos puntos estratégicos como Oaxaca y Punta Diamante, en Guerrero.
Tras las consultas del organismo a la Comisión Nacional del Agua (Conagua) y al Servicio Meteorológico Nacional (SMN), se confirmó que la infraestructura existente se encuentra inoperante.
“De antemano se confirma que efectivamente no hay radares… Dicen que en Acapulco sí está, pero que está descompuesto; en próximas fechas lo echarán a andar. Está ubicado en el aeropuerto internacional de Acapulco. Está dañado igualmente el de Chiapas”, argumentó Santos García.
El especialista precisó que el radar de Guerrero ya no funcionaba al momento del impacto de Otis.
Santos García sostuvo que el proyecto es viable frente a otras prioridades de gasto público, pues estimó que un equipo con alcance de 250 kilómetros cuesta aproximadamente tres millones de dólares.
“Con sesenta pedacitos de calle que hacen de a millón de pesos, podría comprarse un radar meteorológico y ayudar a todo Acapulco… Con eso podríamos prevenir no solamente Acapulco, sino a Costa Grande y Costa Chica”.
Alerta tardía y desinformación
El libro reconstruye la cronología de 2023 para mostrar cómo la falta de datos precisos en tiempo real derivó en una respuesta tardía. Santos García recordó que instituciones federales, como la Comisión Federal de Electricidad (CFE), y el gobierno estatal realizaron movilizaciones y mesas de seguridad por la tarde.
Sin embargo, dijo, la población en general y las actividades comerciales no se detuvieron a tiempo por falta de notificaciones directas. En su caso, relató que recibió la alerta vial a las 10:00 p. m. a través de un tercero, situación que consideró común para la mayoría de los habitantes de Acapulco.
La propuesta también contempla el desarrollo de una aplicación móvil vinculada al radar para monitorear variables como el viento, la distancia del fenómeno y la presión atmosférica, que durante Otis descendió hasta los 924 milibares.
La herramienta, explicó, busca reducir el impacto económico y social de la información errática difundida en plataformas digitales, como ocurrió con la reciente alarma en torno a la tormenta tropical Boris.
“Tiene que haber un solo mecanismo o solamente una sola línea de comunicación para que realmente tengamos información veraz y que todas esas páginas alarmistas sean sancionadas para que no estén emitiendo ese tipo de alarmas y, de alguna manera, espantando a la gente… provocando compras de pánico”, puntualizó.
Presentará libro en Acapulco y Chilpancingo
El libro, editado de forma independiente por la firma JSG Cenic, será presentado los días 9 y 10 de julio en Acapulco y Chilpancingo. En sus páginas reúne aspectos técnicos sobre la formación de ciclones y vivencias personales del autor.
Santos García comparó la desolación inicial de la ciudad con escenarios apocalípticos y bíblicos, al referirse a la destrucción de infraestructura, flora y embarcaciones.
El texto también aborda las repercusiones socioeconómicas inmediatas del desastre, entre ellas los saqueos registrados en los días posteriores. “La rapiña fue otro de los momentos más difíciles, donde en mi libro plasmo que el daño de la rapiña aproximadamente equivalió a ocho mil millones de pesos”, afirmó.
De acuerdo con el ingeniero, la finalidad de la publicación es generar conciencia sobre el cuidado del medio ambiente y avanzar hacia una cultura de prevención civil técnica y coordinada.
