Por: Gilberto Guzmán/ El proceso interno de Morena para elegir a quien abanderará la candidatura a la gubernatura de Guerrero en 2027 se ha tornado sumamente interesante. Como ya se ha señalado, este proceso se disfraza bajo el eufemismo de la elección de la “coordinación de los comités de defensa de la transformación y de la soberanía”, una estrategia para justificar campañas anticipadas desde ahora.
En este escenario, ha resonado con fuerza la narrativa que busca imponer la idea de que la exconsejera jurídica de la Presidencia, Esthela Damián Peralta, es la propuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo para la gubernatura. Esto se pretende consumar a pesar del evidente desarraigo de Damián con la entidad (pues aunque nació aquí, carece de trabajo político local) y, lo más grave, de su profundo desconocimiento del territorio. La aspirante ni siquiera conoce a fondo las regiones del estado, un requisito indispensable para cualquiera que pretenda administrar los destinos de Guerrero.
Se ha reiterado que el proyecto de Esthela Damián no es de izquierda. Aunque pretenda presumir lo contrario, sus orígenes políticos distan mucho de esa ideología. Su primera responsabilidad en la función pública llegó de la mano de su tío, Pioquinto Damián Huato, durante el gobierno interino del priista Ángel Aguirre Rivero, quien asumió el poder tras la abrupta salida de Rubén Figueroa Alcocer por la matanza de 17 campesinos en Aguas Blancas. Asimismo, su padre, Alfonso Damián Huato, fue militante del PAN, confirmando que en su entorno familiar tampoco hubo una trayectoria en la izquierda.
Es verdad que Morena no fue fundado exclusivamente por puros de izquierda; es bien sabido que en el partido convergieron expriistas —incluido el propio Andrés Manuel López Obrador— y que hoy en día abundan más panistas y tricolores en los espacios de representación que los mismos fundadores. Sin embargo, lo que aquí se cuestiona es que Damián Peralta insista en calificar su proyecto como izquierdista cuando sus principales impulsores son priistas que, además, han confesado abiertamente que no les interesa afiliarse al partido guinda, sino únicamente acompañarla a ella. Esto es una admisión clara de que su único objetivo es regresar al poder para seguir viviendo del erario, sin que medie un compromiso real para gobernar bajo los principios de la izquierda.
A estas confesiones de oportunismo político se suma el evidente derroche en propaganda mediática en el que ha incurrido Esthela Damián en menos de dos meses desde su llegada a Guerrero, en un intento desesperado por subsanar su falta de arraigo y trabajo local. El exceso ha llegado al extremo de colocar su publicidad encima de las fichas de búsqueda de personas desaparecidas. Esta acción fue calificada por Socorro Gil, dirigente del colectivo Memoria, Verdad y Justicia, como una total falta de respeto al dolor y a la esperanza de las familias que siguen buscando a sus seres queridos, quienes, en consecuencia, rechazaron la disculpa de la aspirante.
Por otra parte, la imposición de priistas en las bases de su movimiento ya la ha llevado a incurrir en presuntos delitos electorales. Muestra de ello es el reciente video donde el diputado federal Javier Taja Ramírez —beneficiario del régimen priista como secretario de Obras Públicas en el gobierno de Héctor Astudillo Flores— la promueve abiertamente como candidata a gobernadora.
Esthela Damián no solo entregó malos resultados en las funciones que la presidenta Sheinbaum le encomendó en el pasado —desde la Subsecretaría de Seguridad Pública federal hasta la Consejería Jurídica, donde su pifia de reforma electoral no superó el análisis técnico y mucho menos la aprobación legislativa—, sino que también ha evidenciado una alarmante ignorancia sobre la historia regional al afirmar que Vicente Guerrero fue el primer presidente de la República. Pese a todo, se conduce con una soberbia que denota la total certeza de que la imposición se consumará a su favor.
No obstante, la aspirante parece ignorar que las bases morenistas de Guerrero no permitirán una imposición más. Aunque ella pretenda sostener la narrativa de que es la enviada de la presidenta, el dirigente de Morena en el estado, Jacinto González Varona, aclaró recientemente que durante la elección presidencial de 2024 él fungió como coordinador de la defensa y promoción del voto en Guerrero, mientras que Damián Peralta era la coordinadora nacional. González Varona precisó que ella jamás vino a Guerrero ni fue comisionada a la entidad para fortalecer la presencia o el trabajo político del partido. De ese tamaño es la mentira sobre su supuesta cercanía presidencial.

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