Por: Gilberto Guzmán/ La presidenta Claudia Sheinbaum hizo historia durante la ceremonia del Grito de Independencia al incluir por primera vez en las arengas tradicionales a Antonia Nava, “La Generala”, una de las heroínas más valientes pero menos visibilizadas del movimiento insurgente en México.
Nacida en Tixtla, Guerrero, en 1779, Antonia Nava de Catalán se unió a la causa libertaria junto a su esposo, Nicolás Catalán. Pronto se convirtió en una pieza clave de la resistencia civil y militar, combatiendo codo a codo con figuras de la talla de José María Morelos, Nicolás Bravo y Vicente Guerrero. Su arrojo en el campo de batalla y su capacidad para organizar el abastecimiento de las tropas le valieron el respetado título de “La Generala”.
Su momento más recordado ocurrió en 1817, durante el trágico sitio del cerro del Campo. Ante el hambre extrema que diezmaba a las tropas insurgentes, Nava se presentó ante el general Nicolás Bravo y ofreció su propio cuerpo para alimentar a los soldados. Este acto de desprendimiento y sacrificio conmovió de tal manera a la comunidad que motivó a las mujeres del pueblo a armarse con machetes y garrotes, logrando romper el cerco del ejército realista.
Tras sobrevivir a la pérdida de varios de sus hijos en el conflicto, “La Generala” continuó firme en el movimiento hasta ver nacer a la nueva nación, marchando con orgullo junto al Ejército de las Tres Garantías en septiembre de 1821. Su mención en el balcón presidencial reivindica el papel fundamental de las mujeres en la construcción de la patria, rescatando su legado del olvido histórico.

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