Gilberto Guzmán
En el marco de las acciones de vigilancia sanitaria en la entidad, personal de la Comisión para la Protección contra Riesgos Sanitarios del Estado de Guerrero (COPRISEG) advirtió a la población sobre el incremento y los peligros de adquirir insumos para la salud en puntos de venta irregulares, como tianguis y mercados, donde la procedencia de los fármacos no puede ser garantizada.
Durante una entrevista para W Radio Chilpancingo, el químico Francisco Rendón Jijón, representante de la COPRISEG, precisó que un medicamento falsificado es aquel que se fabrica o distribuye utilizando una autorización sanitaria inexistente o perteneciente a un tercero. Este delito, fundamentado en el artículo 208 bis de la Ley General de Salud, representa un grave atentado contra la salud pública, ya que estos productos carecen de la eficacia terapéutica necesaria y pueden contener sustancias tóxicas o estar contaminados.
Para identificar estas unidades, la autoridad sanitaria instó a los consumidores a revisar minuciosamente el empaque secundario (la caja) y el primario (el blíster). Según la NOM-072, todo medicamento legal debe presentar con claridad el número de lote, fecha de caducidad, registro sanitario, nombre comercial y sustancia activa. Las señales de alerta incluyen letras borrosas, empaques maltratados, falta de leyendas en español o la ausencia de sellos de seguridad, características comunes en los productos “pirata” que intentan imitar a los originales sin éxito total.
Los fármacos más falsificados
En México, de acuerdo con datos de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), la falsificación de medicamentos no ocurre de manera azarosa, sino que tiende a concentrarse en sectores de alta demanda o alto costo. Esta práctica afecta especialmente a grupos de fármacos cuyo valor económico o rotación en el mercado los vuelve particularmente vulnerables.
Uno de los sectores más impactados es el de los medicamentos oncológicos. Debido a su elevado precio, los tratamientos contra el cáncer suelen ser blanco de adulteración, sustituyendo el principio activo por agua destilada o soluciones salinas. También se han identificado falsificaciones en tratamientos para enfermedades crónicas, como insulinas para la diabetes y medicamentos para la hipertensión, que son clonados con frecuencia por su uso continuo y extendido.
Los antibióticos y analgésicos, al ser insumos de uso común y de rápida circulación en mercados informales, figuran igualmente entre los productos más falsificados. A ello se suma el ámbito de la salud sexual y estética, donde medicamentos para la disfunción eréctil y, más recientemente, fármacos de moda para la pérdida de peso —como la semaglutida— han registrado un incremento notable en alertas sanitarias por adulteración.
Finalmente, los llamados “productos milagro” representan otro foco de riesgo. Se trata de suplementos que prometen curas inmediatas sin contar con registro sanitario ni respaldo científico, lo que los convierte en un peligro para la salud pública.
Por su parte, Mario Alberto Santos Villalba, también integrante de la COPRISEC, enfatizó que el riesgo no se limita solo a la falsificación directa, sino también al manejo inadecuado. Recibir medicamentos donados de “mano en mano” o comprarlos en la vía pública expone al paciente a productos que han perdido su efectividad por una mala red de frío o almacenamiento inadecuado, incluso si originalmente eran auténticos.
La dependencia informó que mantiene brigadas de verificación constante en las ocho regiones del estado. En caso de detectar productos bajo alerta sanitaria emitida por la COFEPRIS, se procede de inmediato al aseguramiento del lote para evitar su comercialización. El personal de salud subrayó que cualquier anomalía puede ser reportada a través del correo comisioncoprisec@gmail.com o a los números telefónicos 747 472 2021 y 747 494 3100.
Finalmente, la COPRISEG recomendó a la ciudadanía adquirir sus tratamientos exclusivamente en establecimientos legalmente constituidos que exhiban su aviso de funcionamiento o licencia sanitaria. “Consumir un medicamento sin procedencia garantizada puede resultar más costoso que la inversión inicial, no solo económicamente, sino con la propia vida”, concluyó Rendón Jijón.

