Gilberto Guzmán

 

En un ejercicio de honestidad ante la crisis de seguridad que atraviesa Chilpancingo, el alcalde Gustavo Alarcón Herrera admitió públicamente que la capacidad operativa del municipio ha sido superada por el crimen organizado y por los recientes hechos violentos, e insistió en la urgencia de que el gobierno federal intervenga para garantizar la seguridad en la capital guerrerense.

 

A través de entrevistas en medios nacionales como Milenio TV y Ciro Gómez Leyva, el edil lanzó un llamado urgente: la coordinación con el Estado existe, pero ya no es suficiente y se requiere la fuerza de la Federación.

 

Alarcón Herrera rompió con el discurso político tradicional para describir la realidad: aunque el secretario de Seguridad Municipal es un activo de la Policía Estatal y sigue la estrategia del Gobierno de Guerrero, los grupos delictivos operan con una logística que rebasa los esfuerzos locales.

 

Sentenció que “la seguridad no debe verse desde colores o partidos; debe verse desde las necesidades reales de la ciudadanía”, y advirtió que, si bien Chilpancingo intenta mantenerse de pie, sostener la gobernabilidad será inviable sin un blindaje federal robusto.

 

Dejó en claro que el Ayuntamiento no evade su responsabilidad, manteniendo labores de prevención y proximidad, pero subrayó que ocultar la gravedad de la situación no ayuda a nadie, y que el municipio no está de brazos cruzados, pero el Estado Mexicano debe actuar con mayor contundencia en la capital de Guerrero.

 

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